Para cuidar es necesario cuidarse

Para cuidar es necesario cuidarse
Para cuidar es necesario cuidarse

En muchos momentos de nuestra vida debemos hacernos cargo de distintas personas de nuestro entorno y por distintos motivos. Cuando cuidamos no debemos descuidar  nuestro propio cuidado.

Para cuidar es necesario cuidarse

Podemos cuidar de la pareja, de los hijos, de la familia, de los amigos. Incluso podemos llegar a cuidar de forma profesional si nos dedicamos a trabajar con personas, como es nuestro caso.

Al hacernos cargo de estas personas podemos implicarnos en diferentes grados: desde la implicación más absoluta hasta una mínima preocupación. Esto dependerá de su necesidad de cuidado; si necesitan ser cuidados físicamente, emocionalmente, económicamente, etc…e incluso de nuestro propia decisión de en qué medida nos queremos o podemos implicar.

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La importancia del vínculo

La importancia del vínculo

 

Un niño que sabe que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas les da un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad, y la alimenta a valorar y continuar la relación (John Bowlby).

Las bases de la salud mental se asientan en la primera infancia, lo que ocurra en ese periodo servirá de cimientos para todo lo que vendrá después. En nuestra infancia más temprana establecemos los primeros vínculos, el más importante es el que establecemos con la figura de apego, que puede ser la madre u otro cuidador principal. La forma en que nos relacionamos con el otro, cómo nos vinculamos, dependerá de cómo nos hayamos vinculado con nuestras principales figuras de apego.

Por lo tanto el tipo de apego será el patrón que marcará las relaciones en la edad adulta y será un factor clave para una adecuada salud mental.

Para comprender todo lo que esto significa, es necesario explicar la Teoría del Apego, dicha teoría se empezó a formular a finales del los años 50 y existen dos figuras clave, el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby y la psicóloga Mary Ainsworth.

La tesis fundamental de la Teoría del Apego es que el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño es determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto (persona con quien establece el vínculo de apego) y el vínculo de apego es el lazo afectivo que establece con dicha figura.

Para Bowlby el apego se formaría a partir de la necesidad del bebé de mantener proximidad con ciertas figuras que le provean de lo necesario para su supervivencia.  El apego cumple una función biológica y evolutiva, cuya finalidad es proteger al bebé del peligro.

El bebé nace con un repertorio de conductas innatas las cuales tienen como finalidad producir respuestas en los padres: la succión, las sonrisas reflejas, el balbuceo, la necesidad de ser acunado y el llanto. Con este repertorio de conductas los bebés buscan mantener la proximidad con la figura de apego y utilizar dicha figura como base segura desde la que explorar el mundo y descubrirlo.

Por su parte Ainsworth a finales de los 60, diseñó la técnica de la situación extraña, podemos ver en qué consiste en el siguiente video:

A través de sus investigaciones, Mary Ainsworth encontró 3 tipos de apego: apego seguro, apego inseguro-evitativo y apego inseguro-ambivalente.

En el Apego Seguro, los niños usaban a la figura de apego como una base segura a partir de la cual explorar el ambiente. Cuando se enfrentaban a eventos estresantes (como la separación en un ambiente desconocido), se acercaban o realizaban algún tipo de señal que les permitiera aumentar el grado de proximidad con la figura de apego. Cuando este era obtenido volvía a continuar con su exploración.

En el Apego Inseguro/Evitativo, los niños que enfrentaban un momento de separación con sus madres eran relativamente indiferentes cuando aquellas retornaban: no las saludaban, ignoraban sus intentos de tomar contacto y actuaban sin darle mayor importancia a su presencia.

En el caso del Apego Inseguro/Ambivalente, se observaron comportamientos combinados de ansiedad y acercamiento. Cuando estos niños se juntaban con sus madres luego de una breve separación emitían señales de ansiedad paralelamente a su comportamiento de apego.

Posteriormente, fue identificado un cuarto patrón, el apego desorganizado. En el Apego Desorganizado, los niños no utilizan estrategias para atraer la atención de su cuidador principal. Presentan conductas contradictorias, de buscar a su cuidador de forma intensa, para luego rechazarlo. Pueden mostrar miedo y confusión ante la presencia del cuidador.

El establecimiento de un apego seguro, dará lugar a una persona segura, con sentido de autoeficacia, confianza y competente en el entorno social. Dicho vínculo permanece y se mantiene aunque no exista contacto físico.

¿Cómo podemos favorecer un apego seguro?

En primer lugar, es muy importante favorecer el desarrollo del vínculo temprano madre – bebé, evitar la separación, a no ser que sea estrictamente necesaria, respetándoles y permitiéndoles estar juntos, favoreciendo la díada.

Los padres deben prestar especial atención a las señales del bebé y responder adecuadamente a sus necesidades. Para que el bebé se sienta aceptado, cuidado, sostenido y amado.

En definitiva se trata de establecer una comunicación propia, única en cada familia.

¿Cuáles son los factores de riesgo que dificultan una adecuada vinculación?

Existen factores de riesgo que dificultan una adecuada vinculación, tanto por parte de la figura de apego, como por parte del bebé:

Bebés prematuros, bebés con algún problema de salud, bebés que requieren de hospitalización y están alejados de sus padres.

Problemas de salud mental en la madre/padre o ambos, bebé no deseado, dificultades sociales, económicas, dificultades en la relación de pareja, escaso apoyo social, malas relaciones, o relaciones disfuncionales con la familla de origen, historias personales de abuso o maltrato. Es muy importante prestar especial atención a estos factores.

Hay muchos factores a tener en cuenta para determinar cómo será un niño cuando se convierta en adulto, desde el punto de vista bio-psico-social, influirán factores como, su temperamento, ciertas condiciones o predisposiciones genéticas o biológicas, cómo sea tratado, el tipo de vida que lleve, la presencia de eventos potencialmente traumáticos, su capacidad de sobreponerse a este tipo de eventos o resiliencia, así como su propia vivencia de su historia personal, pero sin duda todo lo anterior se verá directamente relacionado con cómo haya sido su relación con su figura o figuras de apego. Que ese niño haya sido “visto”, entendido, acogido, acompañado, amado  incondicionalmente.

Las experiencias tempranas nos marcan e influyen en la relación que tenemos con nuestros hijos. Y esto lejos de asustarnos nos debe alentar a seguir trabajando, a responsabilizarnos para seguir mejorando, porque cada día es una oportunidad  para  reparar, para seguir trabajando con nosotros mismos y en nuestras relaciones.

Es necesario invertir tiempo y esfuerzo en asegurarnos la mejor infancia para los niños, porque para mi es una inversión de futuro.